House of Cards y la política millenial

House of Cards, al menos en su versión norteamericana, ha sido de lo más relevante. Se volvió una muestra de cómo un trabajo plenamente artístico podía ser, a la vez, político. Nuestra visión de la bondad y la maldad, de los principios y de la ética en la política están influenciados por las correrías de Frank Underwood. Podemos ver a jóvenes estudiantes obnubilados por un juego coreográfico lleno de glamur y vértigo. La realidad, en cambio, puede ser muy diferente. Aunque es cierto que muchas veces la política requiere de ciertas cuotas de oportunismo e insensibilidad, la causalidad de las triquiñuelas no es como en la televisión. El propio presidente Obama lo dijo en su momento.

Parece ser que esta serie ha sido la principal escuela del mundo político millenial. Suena raro, puesto que vivimos en tiempos donde se habla de indignación, sueños y cambios, al mismo tiempo donde se levanta la trampa y la inquina como valores políticos fundamentales. Obama, Trump y Macron son hoy los rostros de esa política millenial y no podemos negar que nos resultan extravagantes. Los liberales y libertarios vulgares se han dejado llevar por la influencia de Underwood. Se han convencido de que la política es solo una coreografía de conspiraciones y juegos de pasillo. No se están constituyendo como una opción para el cambio futuro. Se dejan llevar por la corriente de lo práctico.

El Libertario Goic DC

Carolina Goic y el proyecto propio

Un gran ejemplo de aquello es lo que ocurrió con Carolina Goic y la DC esta semana. Después de que la Junta General del partido decidiera corroborar a Ricardo Rincón como candidato a diputado, la presidenciable vio tambalear su carrera por el sillón. La DC se veía entonces como una tropa de soldados confundidos. Por un lado, se había insistido en salir de la Nueva Mayoría para seguir un camino propio. Por otro, se le ponía una presión a la candidata para bajar su candidatura y apoyar a Guillier.

Los obsesionados con House of Cards podrían estar felices. No por nada, un grupo de políticos en la sombra estaba haciendo caer a quien parece el candidato natural del partido. De ser así, no era la ética la que iba a ganar. La política se trata no solo de mecanismos, resortes y contrapesos. Se trata de proyectos y visiones de mundo. En este caso un grupo de miembros del partido estaba dispuesto a destruir la colectividad solo por subirse a un buque «ganador». Esa cobardía no siempre da resultados. La política es también (y, sobre todo) sostener un proyecto propio y afirmar la identidad del mismo en un momento de crisis. Morir con las botas puestas, como dice la canción de Iron Maiden, es quizás el menos millenial de los valores de la generación de niños Netflix.

¿Quieres comentar?