El transcurso del tiempo nos ha dejado un corpus teórico envidiable. Tenemos «la verdad» de nuestra parte y eso pareciera ser indiscutible. Esto se debe al conocimiento social. Es gracias a éste que no estamos indefensos al mañana, ni tampoco al presente. La sociedad es quien nos cobija en primer lugar, de la cual nos podemos nutrir en diversas áreas y conocimientos. A su vez, pude sonar irónico, es este conglomerado el que termina siendo la limitación y atentado a cada individualidad.

Años de aprendizaje e interacción

Sería muy simplista de mi parte gritar a viva voz «destrucción de la sociedad». También lo sería establecer una realidad en el enfrentamiento del bien y el mal. En palabras breves, negativo contra positivo. No planeo ser parte de un grupo que fundamente todo su actuar en un ejercicio de enemistad hacia algo. Por lo mismo, me resulta relevante reconocer parte de mi progreso al entorno.

Desde nuestro nacimiento se nos viene enseñando, por parte de otras individualidades, cómo actuar correctamente. Ya sea mediante sus consejos o mediante la apreciación. A su vez, surgen los cuestionamientos y la necesidad de explorar por cuenta propia. Acercamientos hacia otros individuos o hacia la gran naturaleza. Una cosa es segura: si hoy estamos vivos y leyendo estas líneas es gracias a ese ejercicio.

Toda alternativa implica el sacrificio de algo. Nunca hemos recorrido todas las alternativas y jamás lo haremos. Así es como se ha formado un consenso sobre lo que es el «buen actuar». Toda sociedad tiene formas de proceder, a pesar de que no consten por escrito. Véase lo que son las tradiciones y costumbres.

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Sublimes cadenas

Tal como escribía Hayek en Las leyes, los mandatos y el orden social: «El hecho de que una regla determinada sea obedecida generalmente a la hora de actuar no significa que haya de ser descubierta y formulada mediante palabras». La presencia de normas en la vida es abismal, unas reconocidas y otras no. Solo piensen que, al momento de errar, sus padres les llamaron la atención. Al momento de «pecar» los buenos cristianos los miraron con desprecio. En cualquier alternativa hay un aleccionamiento y una imposición de vida. En una hay una enseñanza inmediata, en la segunda hay un aleccionamiento no verbal.

Independiente del tipo de sociedad a la que correspondamos, dentro de esta se nos enseña a vivir. La problemática es que a medida que pasa el tiempo –al menos eso creo– tendemos a la independencia y es ahí cuando la superestructura se muestra como dominadora del hombre. Desencajar de lo establecido es sinónimo de loco. La locura es sinónimo de problema y, por ende, debe ser tratada para su erradicación. La «libertad» que nos ha de proveer nuestra comunidad es limitada y sancionada.

Desarrollo de la libertad

Debo ser honesto y admitir que concuerdo con Albert Libertad cuando señala que «La libertad es una fuerza que cada uno debe saber desarrollar en su individualidad; nadie puede concederla». Es por esto que dependerá de la voluntad de cada uno de nosotros hacer frente a las normas y prejuicios sociales. Ser capaces de investigar, experimentar y errar si es necesario. Si se apunta a mayor libertad, es un poder que debe adquirirse. No vendrá en forma de regalo por un alcalde, un congresista, un presidente o un parásito. Solo puede provenir de una lucha personal.

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