La misma franja de siempre

Dos días de franja electoral. Apenas dos días y ya decepcionaron. No decepciona el discurso. (El discurso indigna, es cierto, pero esa es harina de otro costal). Decepciona la evidente falta de creatividad. El gremio de los publicistas pareciera haber decidido usar literalmente un manual. El candidato es viejo, véndelo como experimentado. Si el candidato viene de lo popular, ponlo con ancianas y gente «común» en el Paseo Ahumada. Tu candidato es joven y relajado, entonces muéstralo como gerente millenial. La postulante tuvo un hijo estando en la U (situación sui generis, perdonándome el sarcasmo), emula una historia sobre aborto. No te olvides del despeinado postulante profesor universitario: ponle chuchadas en su videoclip.

¿Qué hay de nuevo en la franja? Me preguntaron eso hoy y no supe qué responder. Invito al lector a comparar el primer día de franja de Piñera con la primera emisión de Su Excelencia Bachelet el 2013. Comparemos a Felipe Kast con los videos corporativos de las fundaciones de moda. Hagamos un parangón entre Ossandón y Lavín en sus mejores momentos (la performance altiplánica) y nos resultará familiar. ¿Sánchez? Claramente es una continuación entre Arrate, MEO y Claude. Mayol: también Claude pero con mejores guionistas, una pizca de conspirativismo al estilo Sfeir y los buenos momentos de Hirsch.

Falta de creatividad, falta de imaginación

La falta de creatividad es un indicio más de la falta de energías utópicas en esta democracia agotada. Claro, el hacer es el que manda. Hacer es la moneda de cambio para votar. Cada elección que pasa, los ciudadanos se vuelven un poco más borregos. Se cansan de las alternativas solo para, acto seguido, elegir otras. Es más interesante aún que la evidencia está ahí, transmitiéndose todos los días desde las 20:45 horas.

La creatividad es una demostración de imaginación. Buscar motes y etiquetas para movilizar electores ya convencidos es una pérdida de tiempo para el votante indeciso, para el apático y para el erario común, aparte de una falta de imaginación evidente. Mal que mal, las horas de televisión y las campañas de los candidatos corren por cuenta del estado. Es «simpático» que ni siquiera porque este último les regala la plata pueden lograr un atisbo de imaginación.

El conservadurismo irreflexivo de izquierda y derecha se cierne sobre nosotros. Las pantallas de nuestros televisores son la ventana a través de la cual vemos el cortejo que llora lo político, gobernado por el cosismo que no nos hemos podido sacudir desde que la democracia se interrumpió. Ese cosismo que carcome la imaginación lo hace de una manera tan intempestiva como cuando nuestros televisores comienzan a decir, antes de las noticias, «A continuación, los canales de televisión agrupados en ANATEL transmitirán conjuntamente…».

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