La muerte de la transición

A medida que las presidenciales se van acercando, surgen preguntas sobre el futuro del libertarismo nacional. Por un lado, la retirada de Ricardo Lagos de la carrera por las primarias de la Nueva Mayoría, deja la sensación de un ciclo terminado (tal y como The Clinic inmortalizó en su portada). Asimismo, el levantamiento de la candidatura de Beatriz Sánchez —que parecía sumamente coordinado— nos dijo que el proceso de desaparición del llamado «duopolio» estaba en marcha.

Efectivamente, mientras la Democracia Cristiana no tome una decisión sobre ir o no a primarias, todo parece apuntar a que la fragmentación política chilena se dirige por el camino de su antigua costumbre: los tres tercios.

Por eso la tesis de la muerte de la transición parece confirmarse. Con la llegada de Piñera a La Moneda, se inició un proceso progresivo de reestructuración de la política chilena, al menos en términos históricos. Todos, desde la izquierda a la derecha, tuvieron que replantearse su identidad. La vieja oposición había pasado a ser oficialismo (aunque eso nunca quedó del todo claro) y el antiguo oficialismo tuvo que pasar a ejercer de oposición tras 20 años de no haber usado ese lugar. La vuelta de Bachelet no reordenó la situación, sino que aportó a su radicalización

¿Qué papel le cabrá al libertarismo en este proceso?

Reafirmación intelectual e ideológica

En ese contexto, podemos decir que la derecha está en una reafirmación ideológica. Aun así, el trabajo de sus más esforzados intelectuales permea con lentitud al interior de los partidos. La centroizquierda no solo cambió al «limpiarse» del llamado «velasquismo», sino que se vio asediada por una ola pragmática que prefirió a Guillier antes que a sus propios militantes y que hoy los tiene al borde de la fragmentación. Desde ahí también ha surgido toda una línea intelectual —alimentada inicialmente por un miembro del socialismo— que de la mano de Alberto Mayol y Carlos Ruiz significó la creación del Frente Amplio. Conformado por una gran cantidad de movimientos políticos, está planteando sus propias primarias. Por ahora, los candidatos son Alberto Mayol y Beatriz Sánchez, esta última probablemente la más fuerte en las encuestas. Del libertarismo, por ahora, no existe noticia.

La Democracia Cristiana ha mostrado entonces que posee una carta fundamental qué jugar. Esto porque al insinuar que no irían a primarias, ha provocado que la derecha insinúe también no seguir ese camino. Con su habitual infantilismo, la fronda actúa sopesando los intereses de grupos pequeños y lotes. Llama la atención entonces, la columna de Pablo Longueira hablando de épica en la candidatura de Chile Vamos.

¿Dónde está entonces la reafirmación ideológica del libertarismo?

libertarismo pepe pinochet

¿Vuelven las ideas de derecha?

Carlos Montes y Ricardo Lagos lo dijeron la semana pasada: estamos ante un refortalecimiento de las ideas de derecha. Para ellos, obviamente, eso implica la necesidad de una socialdemocracia dialogante. Para otros, en cambio, este refortalecimiento del conservadurismo es más circunstancial que ideológicos. En este sentido, la posición centrista expresada por Goic se diferencia mucho de la posición final del Partido Socialista, que se entronca también con la de Marco Enríquez-Ominami: lo importante, para ellos, es que la derecha no gane las presidenciales.

Como ya hemos expresado en ocasiones anteriores, el triunfo de Trump significó para el mundo la vuelta de una derecha nacionalista. Hoy, después de tres meses, parece ser que la posición del trumpismo tenderá a la moderación. He aquí un punto interesante. El desarrollo de la alt-right en Estados Unidos se tradujo en una aparición débil, es verdad, de una derecha alternativa en Chile. Este fenómeno es de gran preocupación para el mundo del libertarismo.

Aunque parezca ser algo exógeno y de poca influencia, en nuestro país los grupos autodenominados libertarios, liberales, objetivistas y hasta paleolibertarios (y conservadores), están en un proceso que parece ser de autofagocitación. Tal y como la izquierda se planteó el poco épico objetivo de que la derecha simplemente no gobierne, ellos parecieran enfrascarse en una superficial pelea por erradicar lo que ellos llaman «marxismo». Esta lucha, inexplicable en muchos aspectos, los ha llevado a considerar la opción de asociarse con grupos que abiertamente son de inspiración nacionalista y fascista.

Libertarismo contra todo principio

En la supuesta organización del libertarismo chileno, se ha pasado de una clara definición ideológica al pragmatismo contra todo principio. Ni la apertura, ni la diversidad, ni el respeto por la espontaneidad social parecen ser sus preocupaciones. Lo único relevante en este instante parece ser una guerra inútil contra el «marxismo» —es decir, todo lo que sea diferente— a tal punto que parecen capaces de subvertir todo aquello que supuestamente les importa utilizando los métodos que tanto critican de la izquierda. Esta última, mientras, pavimenta un exitoso camino hacia el poder.

Por lo mismo, su única opción política es sumar fuerzas con la intolerancia y plegarse electoralmente con la derecha. Ya ni siquiera existe entre ellos la posibilidad de diferenciarse y apoyarse a partir de esas diferencias, sino que solos se repiten el mantra «somos de derecha». Este año votarán por Piñera solo porque pareciera prometerles acabar con el marxismo. Por lo mismo ya han conversado con José Antonio Kast y han pendulado sobre apoyar a Felipe Kast. Lo importante para ellos es quedarse en la derecha, aún a riesgo de asesinar al libertarismo.

Para quienes creen en un libertarismo más analítico, efectivamente aquí hay un desafío. El proyecto libertario debe ir más allá de discutir sobre la participación en la derecha. Como fuerza política, aunque sea minoritaria, los destiempos en la organización de los partidos son fértiles. A diferencia de quienes se la pasan diciendo que el orden y la estabilidad son necesarios, un libertarismo analítico entiende que ella solo trae muerte y quietud. El cambio nos deja hoy en posición inmejorable para comenzar nuestra reafirmación política. Hoy, con un libertarismo como el mencionado más arriba, las libertades civiles están en el riesgo de ser sacrificadas en nombre de sí mismas y en el altar de sus dioses.

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