Mirar a Venezuela como un espejo

No podemos negar que en Chile, quienes son cercanos a la sensibilidad liberal miran mucho a Venezuela. Los seres humanos somos excelentes observando los patrones que confirman nuestras especulaciones. No es raro entonces que el caso venezolano esté en boca de todos ellos. Lo presentan como la confirmación de sus temores, como si el fracaso del modelo político de otros fuera señal del éxito del suyo propio. Lo peligroso de esa aproximación es que esconde debilidades respecto de las simpatías. El chavismo no mostraba ser lo que era y asimismo un político que usa palabras «liberales» podría ser también un lobo con piel de oveja.

Siempre el liberalismo —término que este medio usa con reservas— ha planteado que no hay solución. Solo la vigilancia de los individuos y el debate abierto y pluralista puede protegernos de la dictadura. Entonces, cuando las simpatías se vuelven ciegas, dogmáticas y fanáticas, la puerta para la dictadura queda abierta. Eso sin importar el dogma. De ahí que la proposición de crear un movimiento juvenil del liberalismo, basado en el mercadeo y la propaganda, sea igual de peligroso que el chavismo. Liberales, libertarios y todo aquel que se concentre en las libertades individuales debe recordar eso.

La eterna vigilancia sobre uno mismo

Por eso hoy vemos al comunismo chileno enarbolar los mismos argumentos de la derecha chilena setentera. Después de haber movilizado los hilos internacionales para que Pinochet cayera, hoy exigen respeto por la no intervención en los asuntos internos de un país gobernado tiránicamente. Eso porque, qué duda cabe, un gobierno que altera sus instituciones para concentrar el poder solo puede llamarse de esa forma: tiranía. Eso no deja de ser extraño, puesto que ahora el chavismo en Venezuela comienza a tornar en movimiento político moderado. Instalada la Asamblea Constituyente, lo primero que se realiza es un juramento en que la lealtad a Maduro queda asegurada. Luego, casi como de chiste, inicia una caza de brujas. La fiscal Ortega ahora será perseguida y enjuiciada por buscar mantener el estado de derecho consagrado en la constitución de Hugo Chávez. La Asamblea Nacional, ya no existe. El poder popular ha sido maniatado.

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Este medio, eso sí, clama en el desierto. Cuidado con los dogmas, pues no importa el apellido. Hasta el más liberal de los gobiernos puede terminar siendo despótico. La eterna vigilancia se inicia —como todo— en el individuo y sobre todo hacia el propio error. Tal y como alguna vez anunciamos: no hay que escuchar a los profetas.

 

 

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